La otra que también soy

Existe una versión de mí que pocos conocen.
No porque la esconda con intención, sino porque simplemente no cabe en mi vida de todos los días. No cabe en las conversaciones cortas, en los compromisos, en los espacios donde siempre hay alguien mirando. Esa versión mía solo aparece cuando escribo.
La Escritora, mi alter ego: la que también soy.
La diferencia entre las dos es sencilla, pero enorme. Yo, en persona, soy tímida, tengo un freno interno. Mido lo que digo antes de decirlo. Es una alerta que dice "mejor no", "¿y si me equivoco?", "¿y si me juzgan?". Pienso en cómo voy a sonar, en si voy a incomodar, en si voy a ser demasiado.
La Escritora no hace nada de eso. Ella dice lo que piensa, siente lo que siente, y no le pide permiso a nadie. Es una parte mía que en la escritura encuentra el único lugar donde puede existir sin restricciones. Y eso me parece fascinante y un poco triste al mismo tiempo, porque me hace preguntarme cuántas cosas guardo que merecerían salir también afuera.
Creo que todos tenemos un alter ego así. Una versión propia que guardamos para ciertos momentos, para ciertas soledades. Una que aparece cuando nadie nos está evaluando. El padre serio que con sus hijos se vuelve un payaso. La persona tímida que en un escenario se transforma en otra. El que en la oficina no habla y en la cancha grita. Una versión que guardamos para ciertos espacios, para ciertas personas, para ciertos momentos donde por fin nos permitimos ser de otra manera.
¿Cuál es el tuyo? ¿Ya lo conoces o todavía lo estás descubriendo?
Yo sigo conociéndola a ella, a La Escritora. Y entre más la dejo hablar, más entiendo quién soy realmente.
